Este testimonio tiene como finalidad agradecer a Dios y a todos los que desde el inicio, nos han bendecido con su preferencia, probando los platillos mexicanos y por ende que han ayudado a que Aztlán Restaurante sea lo que es al día de hoy.
Somos una familia de mexicanos que en el 8 de diciembre 2016 decidimos venir a Guatemala por un propósito espiritual que emana de la fe que profesamos, mi esposa, nuestros dos hijos y yo déjamos nuestro país para servir a Dios en la predicación de la Palabra.
Todo trascurre con la dificultad intrínseca de haber dejado nuestro país, la adaptación de estar en un lugar diferente, prácticamente comenzar una nueva vida sin conocer a nadie, con la ventaja de hablar el mismo idioma pero evidentemente con las múltiples diferencias culturales, pero siempre Dios nos mantiene a flote.
En abril del 2018 nuestro hijo de 20 años de edad, amaneció con un dolor muy fuerte que me haría llevarlo al medico para examinarlo y ese mismo día determina a través de los análisis que hay que operarlo con urgencia.
Esa semana de abril, unos dias antes de este suceso,mi esposa Ivonne habia viajado a México a visitar a nuestra hija que tenemos allá, era su deseo pasar vacaciones de semana santa con ella y nuestros nietos, por lo que en ese entonces en Guatemala solo estábamos mi hijo de 20 años con el diagnóstico de un tumor cancerígeno y mi otro hijo de 16 años.
Operaron a mi hijo el viernes 6 de abril y mi esposa tuvo que regresar de emergencia el domingo 8 de abril, a las dos semanas nos confirmó el doctor que basado en los resultados de la patología efectivamente había que hacer un tratamiento de quimioterapias para atacar a un tumor seminomatoso.
Todo ese proceso fue una gran enseñanza que Dios nos tenía reservada para nuestra estancia en Guatemala donde parecía que estábamos solos sin familia, pero encontramos en muchas personas guatemaltecas la ayuda y provisión que necesitábamos para entrar a este tiempo de tribulación.
Pero en relación al restaurante todo empezó una mañana del mes de julio de 2018, pasando como familia uno de los procesos más difíciles que hemos tenido que enfrentar, el cáncer en uno de nuestros hijos, habíamos terminado de hacer la tercer quimioterapia de mi hijo que por cierto fue la semana mas difícil, sin dormir mi esposa y yo nos habíamos turnado para cuidarlo ya estando en casa, mi esposa dijo en esa mañana: “solo amanecimos con Q64, es lo que hay para este día, tenemos que hacer algo por que es todo lo que hay, en sus palabras mi esposa fue al mercado pidiéndole a Dios una respuesta se fue orando y en uno de los locales encontró que vendían productos Mexicanos el muchacho que la atendió al escuchar su acento, le dijo: “¿Usted es mexicana? Y que hace con ese mole”?
Ella respondió: Puedo hacer un pollo con mole y arroz o unas enchiladas de mole” describiendoselas de manera tal provocando el antojo
El joven dijo: ¿Y no me quisiera vender unas enchiladas de mole? Y ¿A cómo me las daría?
Mi esposa sabia que era respuesta de Dios y le dijo: ¿de veras quieres unas enchiladas?
Mi esposa atinó a decir: pues en Q18 te doy el platillo
Regreso a casa a contarme lo acontecido, cocinó unas deliciosas enchiladas de mole y llevamos más tarde el platillo que nos había pedido el joven.
Al siguiente dia fuimos a ver al joven (Juan Luis) y nos dijo que le habían encantado las enchiladas de mole y le pregunto a mí esposa “¿y hoy que va a hacer de comer?”. Las palabras de este joven fue la confirmación de que teníamos que vender comida, el lo dijo como si nosotros ya tuviéramos el negocio.
Después salio la dueña del local y nos dijo que su esposo era mexicano que en ese momento se encontraba en Puebla pero que al regresar y saber de nosotros no nos iba a soltar por que en palabras de el siempre extrañaba su comida mexicana y efectivamente así fue.
Ese fue el inicio de como comenzamos a vender comida, realmente en ese momento no sabíamos que era el medio que Dios tenía preparado para sustentar y sostener a esta familia de mexicanos que un día, en el 2016, había decidido venir a Guatemala, dejar su país por obediencia a Él y hasta el día de hoy no ha dejado de ser nuestro proveedor.
Cabe mencionar que del proceso que tuvimos que pasar Dios nos sacó avantes, nuestro hijo venció el cáncer y a los meses hubo la necesidad de buscar un local para comenzar a vender de manera formal nuestra comida.
Todo empezó con Q64 qué era lo único que teníamos y con Q18 qué fue lo primero que alguien en Guatemala nos bendijo al comprar y disfrutar el auténtico Sabor de México.
Es importante mencionar que en ese y muchos momentos difíciles que hemos pasado, nuestra familia en México nos recordaban, en especial nuestra hija, que podíamos regresar a nuestro país, que contabamos con su apoyo y que allá tendríamos oportunidad de salir adelante, pero mi respuesta siempre estuvo enfocada en mi fe en Dios, que por alguna razón nos había traído a Guatemala y no regresaríamos sin cumplir nuestro propósito.
En México mi esposa y yo nos conocimos en un restaurante, trabajamos muchos años en el ámbito restaurantero, fui gerente en dos de las cadenas mas importantes, pero nunca habíamos soñado con tener nuestro propio restaurante, fue hasta estar en Guatemala y en medio de un proceso difícil como Dios lo hizo posible, ahora soñamos con la expansión de nuestra visión incluso a nivel de franquicias y trabajamos para que muchos vivan:
“La experiencia Aztlán”
Aztlán significa “lugar de las garzas” “lugar dónde no hay muerte ni enfermedad”. Geográficamente era el lugar donde habitaban los aztecas antes de migrar a fundar la Gran Tenochtitlan que para ellos era “La Tierra Prometida”-
Para concluir quisiéramos dejar una reflexión para quien lea y escuche este testimonio Si estás pasando un tiempo difícil, no renuncies, no desistas, no desmayes, tal vez esa situación solo sea la incubadora del proyecto más grande que Dios te permitirá ver.
Muchas veces el potencial que tenemos no sale a la luz, sino somos oprimidos al máximo
¡Gracias a todos por bendecirnos!
Atentamente
Gabriel Nuñez e Ivonne Osorio
Fundadores de Aztlán Restaurante


